viernes, 13 de marzo de 2020

Historia de una Traición


Vaya por delante que Anglirú Bike me parece una tienda de bicis muy completa y con un buen servicio post venta, como así atestiguan sus muchos clientes satisfechos. Y vaya por delante también que sus propietarios, Javier y Cristóbal, han sido amigos míos mucho tiempo y nos hemos hecho varios favores mutuamente. Sobre todo con Javi, al cual incluso le busqué un trabajo cuando se quedó en paro y le ofrecí comprarle a él las ebikes Cube aunque yo ya tenía un proveedor en Madrid que me hacía buenos precios, pero por ser amigo le dije mis costes y empecé a comprarle a Anglirú, con el mismo y en ocasiones menos margen que anteriormente.
Más tarde también comencé a vender su segunda marca, Olympia y le hice el primer pedido, por el que, a pesar de nuestra amistad, me trató como a un cliente más y me pidió una señal de 300€ que yo le aboné sin problemas.
Paralelamente le había hecho un pedido de otra ebike Cube que tenía plazo de entrega para dentro de tres meses. Me pidió una nueva señal de 300€ para hacer el pedido y yo se la hice.
Cuando estaba próxima la fecha de recepción de la Cube me comunican que la fábrica les ha retrasado la entrega tres meses más sin ninguna explicación y que no hay otra opción que esperar. Como yo tenía un compromiso con mi cliente le tuve que enviar una bici similar provisional y correr con los gastos, hasta que llegara la suya.
El día 18 de febrero me manda un mensaje diciendo que ha llegado la cube y le pido el importe final para hacerle la transferencia. En ningún momento me dice que le corre prisa el dinero ni que tengo un plazo límite para pagarla ni absolutamente nada de eso. Como se da el caso de que el cliente ya tiene una ebike de sustitución, le doy prioridad a otros temas, como el de la Olympia que también lleva retraso y el cliente está muy impaciente.
El día 3 de marzo le mando un mensaje diciendo que prepare la Cube para enviarla y me dice ¡Que la ha vendido!.
Lo llamo alarmado y me dice que como no le hice la transferencia creía que no la quería y que la ha vendido. Que me llamó varias veces y que no le cogí el teléfono, cosa que, aunque sea cierta, que lo dudo porque yo solo tengo una llamada perdida suya del jueves anterior, debería haberme enviado un mensaje diciendo que tenía que hacerle el ingreso o la vendía, pero nada de eso hizo. Vendió una bici reservada desde hacía seis meses y por la que había cobrado una señal sin asegurarse si el cliente la quería o no, ni mandarle un simple mensaje de Whatsapp.
Después de esto, no solo no me piden disculpas, sino que me llama Cristóbal para decirme que la culpa es mía por no cogerle el teléfono ni hacerle la transferencia y que él no es el almacenero de nadie. Le pregunto que hago yo ahora con un cliente que lleva seis meses esperando una bici que tiene pagada, que está agotada en todos sitios y que le habíamos dicho que iba a tener en breve. Me contesta que es problema mío y que bastante hace con venderme bicis con poco margen, que me está haciendo un favor. Claro, ahora que ya lo tienen todo vendido y con mayores márgenes ya no me necesitan y prefieren dejarme tirado antes que sacrificar un poco de margen, muy profesional.
Pero la cosa no acaba aquí, ante mi cabreo les pido que me devuelvan la señal de la bici y también la de la Olympia, que seguía sin venir, y comienzo a buscar alternativas para los dos pedidos.
En esto que me llama el cliente de la Olympia y me dice que ha llamado por su cuenta a la fábrica para preguntar por las fechas de entrega y le han dicho que tenían una preparada para enviar este viernes a Anglirú pero que les han cancelado el pedido. Entonces el cliente llama a Anglirú, que ya sabía que era mi proveedor porque yo, confiadamente, le remití un correo de ellos sin ocultar sus datos, y me dice que ha hablado con Javier, el cual me ha puesto de sinvenguenza para arriba y encima se ha ofrecido a venderle la Olympia que yo ya le había vendido haciéndole un descuento importante, es decir, no solo me ponen a parir frente a mi cliente sino que intentan quitarme la venta y el cliente, “Todo por la pasta”.
Por fortuna el cliente estaba informado puntualmente de todo y no se creyó nada de lo que le dijo este sujeto, me llamó a mí a continuación y decidió cambiar la Olympia por una Trek 1.800€ más cara, pero tal y como me dijo: “Lo que me dijo Javier de ti era para haberme ido directamente al cuartel de la guardia civil a poner una denuncia por estafa”. Con amigos como estos no se necesitan enemigos, desde luego.
Me da mucha pena todo esto, porque yo los consideraba amigos míos y unas personas decentes, pero creo que el éxito se les ha subido a la cabeza y han perdido toda la ética y profesionalidad que una vez tuvieron.
En su último mensaje de voz me decía Javi que todo el mundo ya sabía el tipo de persona que era yo y lo que iba haciendo por ahí. Por esto he decidido dejar constancia de todo lo ocurrido por escrito, pero con pruebas de mensajes y capturas de pantalla, como debe ser. Ahora si ellos pueden demostrar que el que ha actuado de mala fe soy yo, que lo demuestren y pediré disculpas, pero me temo que no será así.
No deseo perjudicarlos, porque yo sé lo que cuesta arrancar y mantener un negocio, pero no puedo permitir que vayan hablando mal de mi gratuitamente. No voy a darle difusión a esta entrada y solo queda aquí como constancia de los sucedido y para información de aquellos que duden de mi honestidad.

Jesús Navarro.



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